No era yo. ¡Ea Ave María! Sí que estaba jodida por los celos que no debía tener por ese morenazo. No éramos nada, no tenía derecho a prohibirle. Él se podía acostar con quién lo desee y aquí estaba con las entrañas a punto de carcomerme el aparato digestivo. Aunque he de reconocer por Dios bendito, que el malestar era porque no me escribió.
De tanto pensar en lo ocurrido y mi actuar, debo ser honesta conmigo misma. Me dolió que no le importara y quiero importarle. Ese era mi malestar. Salomé y