Era el día, me miré al espejo, tenía un pantalón negro y una camisa de seda azul turquesa. El cabello ondulado y suelto, muy poco maquillaje, eso sí, con mis labios pintados de un tono fucsia. Mis tacones y cartera de diseñador. Tomé la gabardina, cerré mis ojos, respiré profundo. No podía dejar que los nervios me dominaran. Eres Salomé Carvajal.
—Vamos Canela.
No tenía hambre, me fui a la habitación de mi padre, quien ha evolucionado muy bien. Pero en unos diez días lo valorarán de nuevo. Ra