Gustavo no me había querido decir nada. Y la verdad, con la inconsciencia de mi padre, he estado muy apartada de todo. Solo salí ayer para dar mi testimonio en la fiscalía. Llegamos a la habitación donde estaba Gustavo era muy cómodo. Se veía muy, pero muy demacrado. Nos sonrió al vernos.
—Hola a las dos. Qué alegría verte Lía. —Mi hermana lo abrazó—. No te dejes llevar por mi aspecto. Aún tengo fuerzas para hablar y tomar decisiones. Lo mío es en la cabeza y aún tengo la mente lucida, salvo po