La noche iba cayendo lentamente sobre nosotros, sentí esa sensación agobiante de querer que todo esto terminara de una buena vez. Y eso no me gustaba, yo no retrocedía. Los lobos comenzaron a acechar. Eran al menos veinte, de buen tamaño, con los ojos de color amarillo por tener visión nocturna. Mis ojos estaban acostumbrados a la noche, yo podía verlos sin problema alguno. Tomé aire, con los pies sobre la tierra y luego, cerré los ojos tratando de retornar a mi fe.
“Ella me espera.”
Pensé, un