Cap. 58 ¡Arrastradas!
Al salir, con Ginevra a su lado riendo por lo bajo, Dayana sintió la mirada de Bárbara clavada en su espalda. No era solo odio. Era el reconocimiento, amargo e inevitable, de la derrota total.
Su nuera ya no era la intrusa. Era la benefactora principal, la que sostenía el martillo simbólico del poder y la influencia. Y Ares, su hijo, le había entregado ese martillo con amor y con la más completa de las venganzas: hacerla inalcanzable.
La salida de la gala fue un lento desfile de despedidas y r