Cap. 51 ¿Y la segunda parte?
La puerta del Penthouse se abrió con el ímpetu de un vendaval llamado Ginevra.
—¡¡Mi pequeño emperador!! —anunció a todo pulmón, dejando su bolso en el aire (que Felicia, con reflejos felinos, atrapó al vuelo). Cruzó la sala en tres zancadas y arrebató a Alessio de los brazos de Dayana, enterrándolo en un abrazo cubierto de besos ruidosos.
—¡Hueles a futuro y a galletas! ¡Te voy a comer a besos!
—¡Oye! ¡Lávate las manos antes de tocar a mi hijo, descarada! —gritó Dayana desde la cocina, con un