Cap. 51 ¿Y la segunda parte?
La puerta del Penthouse se abrió con el ímpetu de un vendaval llamado Ginevra.
—¡¡Mi pequeño emperador!! —anunció a todo pulmón, dejando su bolso en el aire (que Felicia, con reflejos felinos, atrapó al vuelo). Cruzó la sala en tres zancadas y arrebató a Alessio de los brazos de Dayana, enterrándolo en un abrazo cubierto de besos ruidosos.
—¡Hueles a futuro y a galletas! ¡Te voy a comer a besos!
—¡Oye! ¡Lávate las manos antes de tocar a mi hijo, descarada! —gritó Dayana desde la cocina, con una sonrisa que delataba su falsa indignación.
Ares entró detrás de su prima, un espectro de calma tras la tormenta. Dejó su saco y su portafolio con cuidado, y sin decir una palabra, se arremangó la camisa impecable y se acercó a Dayana en la cocina. El gesto era tan natural, tan doméstico, que hablaba más que cualquier discurso de victoria.
—¿Cómo te fue? —preguntó ella, bajando el fuego de la salsa que removía, mirándolo con expectativa genuina.
Él se colocó a su lado, empezando a cortar las ve