El hecho de que estuve a punto de morir escalando la montaña, el cansancio de estar despierta, el dolor de mis músculos por someterlos a un ejercicio tan pesado, todo quedo de lado ante mi necesidad de llegar con Rafael.
Fui la primera de mis hermanos al entrar a la cueva, mis ojos se tardaron precisos segundos en adaptarse a la oscuridad, casi a ciegas corrí por los largos túneles que estaban pobremente iluminadas por unas pocas antorchas, siguiendo el eco del sonido de agonía de mi pareja.
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