El sol brillaba con fuerza, disipando la morriña del invierno, y el ambiente se llenaba de un aire festivo. Los hombres del pueblo se habían reunido para celebrar un concurso de tiro con arco, y la emoción era palpable. Se colocaron bancos para la audiencia, y aunque Gaetano no se ofreció para llevar las apuestas, milagrosamente apareció un gran barril de cerveza, que prometía alegrar aún más la jornada.
Las sirvientas, que habían logrado escapar de sus tareas diarias, salieron a contemplar el