En la penumbra de la habitación, las palabras resonaban como ecos de un pasado que se negaba a desvanecerse. Dolores, con el corazón desgarrado, se debatía entre la lealtad y la desconfianza, atrapada en una maraña de emociones que la asfixiaban. Su mente viajaba a las advertencias de su tío, quien había sido un faro de sabiduría en tiempos de tormenta. "Estás unida a este hombre ante la ley y ante Dios", le había dicho, pero ahora esa unión parecía más una prisión que un refugio. Nicolás, su c