—¿A cuánto a que ella baila conmigo? —pronunció Ángel, poniéndose en pie y desafiándome.
—A que te manda por un tubo —mencionó Adam, riendo y jugando a ser el árbitro de nuestra apuesta.
—Si gano, ustedes tendrán que vestirse de mujeres con vestido y todo —propuso Ángel, poniendo la apuesta sobre la mesa con esas palabras.
Mi mente se llenó de imágenes ridículas de mis primos vestidos de mujer, intentando disimular una sonrisa.
—Pero si pierdes, tendrás que vestirte tú de mujer con un vestido d