Al cabo de unos minutos, él regresó al comedor completamente renovado. Estaba vestido de manera casual, pero con esa elegancia innata: la camisa remangada hasta los codos y varios botones abiertos que le daban una apariencia de seducción descuidada. Su cabello, aún húmedo, brillaba bajo las tenues luces, y su rostro lucía relajado, aunque sus ojos seguían siendo dos ascuas de interrogación.
Naomi lo contempló detenidamente y, por un momento fugaz, flaqueó en cuanto a su decisión. Jodidamente, e