— ¿Y a ti qué te pasa?— preguntó Maik, entrando con él en el ascensor.
— No he podido hablar con Naomi. Salió esta tarde de la casa y aún no ha regresado. Y lo que más me fastidia es que no me coge las malditas llamadas.— su voz áspera por la frustración.
— Tranquilízate. Lo más probable es que esté con su hermana, ya sabes cómo se llevan.— intentó apaciguarlo Maik.
— Eso no es un impedimento para que atienda mis llamadas. No tiene una excusa válida — replicó Derek, su voz peligrosamente baja.