Las palabras de Derek la golpearon como una bofetada. Su sonrisa se desvaneció, y un rubor se extendió por su cuello hasta sus mejillas, traicionando la indiferencia que intentaba proyectar. Volvió a su asiento, avergonzada, y tomó un sorbo de agua para calmarse. Pero no iba a ceder.
—Claro que lo disfruté. —dijo con una voz que recuperaba su antigua frialdad.— Es más, han pasado tres semanas desde entonces y lo sigo disfrutando. Fue muy gratificante conocer íntimamente al gran magnate Derek To