En el preciso instante en que su debilidad la llevaba a fantasear con Iván Urriaga, en su mente siempre lo veía con una sonrisa y sus bellos ojos centelleaban de felicidad.
Había pasado tanto desde la última vez que lo vio fuera de sus sueños, que le era doloroso darse cuenta de que la rabia que sentía por ella había aumentado. Si las miradas pudieran cortar, ella estaría partida en mil pedazos.
Ni siquiera fue consciente de sus lágrimas hasta que su esposo se lo mencionó.
—Oye, no es para t