Encerrada en el santuario, comienzo a hurgar entre las antigüedades que con tanta dedicación Morgana ha recolectado. Han pasado al menos media hora desde que me fui del restaurante, tengo cientos de llamadas perdidas de Casius en mi celular, así que lo apago sin ningún tipo de remordimiento y vuelvo a guardarlo en mi bolso. De seguro está enloqueciendo por no saber dónde estoy.
Quizá en un rato salga de aquí o quizá no, no lo sé. Todo depende de como me sienta, aún estoy furiosa con el. Entre t