Lucía estaba muy preocupada por su nieto. Lo último que supo era que se había ido a un viaje largo para una terapia. Selene era muy cortante cuando le marcaba por teléfono, dando respuestas básicas: “Estamos bien”, “Ya no tiene pesadillas”, “Se está recuperando”. Pero no podía quedarse solo con esa información; necesitaba ver al niño.
Así que ese día, un sábado, aprovechó para visitarlo. Sabía que Selene muy poco salía los sábados, así que imaginó que estaría en casa y… evidentemente así era, a