El aire parece cargado de electricidad, como si incluso la distancia protestara por no dejarnos tocarnos. Mientras avanzo, siento su mirada clavada en mi espalda, pesada, desesperada, pero no me detengo. Avanzo hacia las escaleras sin concederle un último gesto.
La soledad no me resulta indiferente. No veo a Marie Clare, ni a Will, ni al señor Monic o al señor Brandon. La casa parece estar completamente desolada o quizá todos están paralizados en sus lugares sin saber qué hacer porque me escuch