Un nuevo día llegó, Lorenzo y yo despertamos abrazados bajo unas sábanas calientes, supongo que yo fui la que lo sujetó, deseaba tanto sentirme segura, que lo inmovilice.
-Hola cariño ¿cómo estás?- su voz ronca mañanera me saluda.
-Hola… muero de hambre.- mencioné refregando mis ojos.-
-Lo sé, ayer no comiste nada. Iré a la cocina por desayuno. Espérame aquí.-
Lorenzo me dio un beso en la nariz y salió de la habitación, yo me puse de pie y fui al baño. Mi vejiga estaba a reventar. Des