Moneda de intercambio.
En el mismo instante que los gritos de la Maga empezaron resonar incesantemente por el espacio de la casa. La racionalidad casi la perdía.
Ignoró su cuerpo derrumbado en el piso al lado del de livia que se veía bastante malogrado y fue directo donde su madre.
Estaba a punto de explotar cuando se agachó para liberarla y arrebatar de sus labios la cinta que los sellaba.
—¡Mí León, perdóname!.—Hablo seguido, con la respiración entrecortada y las pupilas en un trance doloroso. No recordaba la últ