—Nada —susurré. Empecé a moverme. Comencé a ondear la cintura lentamente sobre su regazo, restregando mi coño desnudo contra sus delgados shorts de tela. No me había puesto bragas. Quería que sintiera exactamente lo mojada que estaba. Sentí cómo se le empalmaba al instante, una erección dura y gruesa creciendo entre mis muslos.
Llevé mis manos a sus hombros y lo miré a esos ojos oscuros.
—Tengo algunas preguntas para ti, Matt.
—Mmm... dime —murmuró.
—¿Cuántas veces al día necesitas correrte, Ma