Las risas de las chicas del equipo de porristas resonaban por todo el pasillo.
Mantuve la cabeza baja, como siempre, abrazando mis libros con fuerza contra el pecho mientras caminaba más rápido, rezando por pasar desapercibida ante mis depredadoras habituales, pero desafortunadamente la suerte no estaba de mi lado hoy. El grupo de chicas del equipo de porristas me bloqueó el paso cerca de los casilleros. Eran las abusivas de siempre por aquí, y les encantaba meterse conmigo. También eran todo l