El comedor estaba lleno del tintineo de los cubiertos y el sonido de la voz emocionada de mi madre. Estaba sentada frente a mí, con el rostro radiante. Había llegado temprano a casa, llena de energía y de historias de su viaje. Pero todo lo que yo podía sentir era el fantasma del tacto de Vaughan sobre mi piel.
—Me alegra tanto haber vuelto a tiempo para celebrar —dijo mamá, estirando la mano para darme una palmadita. —Tu papi me dio la noticia en cuanto entré. ¡Angel, un traslado a la escuela