El prometido de mi madre es mi ginecólogo.
La luz del sol se colaba por las cortinas, intensa y despiadada. Hailey despertó con el corazón a mil por hora. El recuerdo del balcón —el cristal frío, sus manos pesadas, la forma en que la llenaba— la golpeó de golpe. La culpa la invadió como un balde de agua helada. Él era el prometido de su madre. Era un monstruo.
Intentó incorporarse, pero su cuerpo la traicionó. Un dolor profundo y palpitante se había instalado entre sus piernas, mezclado con un hormigueo eléctrico persistente que le eriz