Jennifer Stone.
A las dos de la mañana los secuestradores llaman a mi madre para que haga entrega del dinero, y le advierten que debe ir sola.
Me muero del miedo y la desesperación por ella, me quedo en casa comiéndome las uñas, mientras miro por la ventana de la casa, esperando que ella y mi hermano lleguen.
Un auto negro se detiene, y lanzan a mi hermano golpeado al piso, no importa cuánto mal me haya hecho verlo así me rompe el corazón, corro a la puerta y abro para ir por él.
—La próxima