El momento en que comprendí que ya no se trataba de sostenernos sino de sobrevivir a una elección que no nos pertenecía no llegó como un golpe ni como una ruptura visible, sino como una claridad incómoda que se instaló sin resistencia posible, como si el sistema hubiera dejado de ocultar su intención no porque quisiera revelarla, sino porque ya no necesitaba hacerlo para continuar avanzando sobre nosotros con una precisión que no dejaba margen para la negación.
La diferencia seguía ahí.
Pero ya