La continuidad no se interrumpió, pero dejó de sentirse como continuidad en el sentido en que una mente humana la entendería. Se volvió una forma de persistencia activa, una línea que no avanzaba desde un punto hacia otro, sino que se reconfiguraba mientras era recorrida, como si cada instante no fuera una unidad temporal sino una negociación constante entre lo que podía mantenerse estable y lo que debía ajustarse para no romper la coherencia del conjunto. No hubo ruptura perceptible, ni transi