—Ella está perfecta… a excepción de los moretones… le receté una crema… le ayudará… —Iván asintió hacia el médico que estaba en su suite, y luego le pasó la hoja a Sora para que se hiciera a cargo de los medicamentos.
Eran la una de la mañana, pero no le importaba.
Sus ojos se desviaron al cabello húmedo de Sibel, que insistió en bañarse mucho cuando llegaron al lugar. Pudo verla llorando como una niña, pero no le dijo una palabra de lo sucedido, y él tampoco quiso incomodarla.
Despidió al m