Al día siguiente, Sibel se miró al espejo para comprobar que alrededor de su mejilla, estaba colocándose de color púrpura, y un poco verde.
Ella tomó la crema que Sora le trajo, y se tomó las píldoras que había en la mesa.
Se fue a la sala de la suite, y pudo notar que Sora estaba frente a la panorámica con un vaso de cartón de café, que quizás había comprado reciente.
—Huele bien… —Sora se giró, y le mostró una sonrisa.
—No pensé que iba a levantarse tan temprano… —ella alzó los hombros.
—¿Ivá