Eran las seis de la mañana cuando Iván salió de la ducha y se detuvo frente a la cama, donde Sibel dormía.
Notó su cuerpo desnudo, enmarañado con una sábana, y su cuerpo se tensó de inmediato. Él tenía una toalla alrededor de su cintura, y se sentó en el borde de la cama, aun con las gotas de agua escurriendo de su cabello.
Con sus dedos acarició sus piernas, y su anatomía lo sintió enseguida.
Por más que follara con Sibel, su hambre por ella no se apagaba, y, a decir verdad, en este punto ya s