Sibel lavó su cara varias veces mientras su mente se volvía loca. Tenía más de cinco minutos en el baño, y en cuanto tomó un toallin para secarse, uno de los hombres, sin importar, entró al lugar para buscarla porque ya sospechaba de ella.
—Señorita Sibel… ha tardado demasiado… —Sibel tomó el aire y asintió.
—Ya estoy lista… —salió mientras él la siguió.
Ella caminó mecánicamente con el corazón en la garganta, sin sentido en su andar, y luego escuchó.
—Señorita Sibel… ¿Exactamente a donde no