CAPÍTULO 97. El amor de mi vida
Dos días después Gabriel y Reed regresaban de la tienda con el anillo, y el capitán estaba que no cabía en él de la felicidad.
—¡Ahora ya sé tu secreto! ¡Tienes que elegirme como tu padrino! —sentenció Reed.
—¡De eso nada!
—¡Oye, oye! ¿No voy a ser alguien importante en tu boda? —refunfuñó Reed.
—Sí, claro, pero te lo tienes que ganar.
—¿Y el resto de los tarados no?
—El resto de los tarados no está aquí para quedarse con su adorado sobrino mientras yo le pido matrimonio a la mocosa —replicó Ga