CAPÍTULO 92. Procura no dejarnos solos
Gabriel sabía que estaba jugándose el cuello, porque a Marianne no le haría ninguna gracia lo que iba a decirle, pero la verdad era que no tenía muchas opciones.
—Mocosa... espero de verdad que te tomes esto de la mejor manera posible... pero tengo que decirte algo que no te va a gustar —suspiró—. Tengo que volver a la acción.
Marianne arrugó el ceño.
—Aclárame "acción" —casi gruñó—, ¿Acción de "te voy a coger salvajemente encima de la mesa" o acción de "voy a meterme de nuevo una pistola en el