CAPÍTULO 63. ¿Quién eres?
Debía ser quizás mediodía cuando Marianne despertó de nuevo. Sentía el cuerpo relajado y suave, y agradeció estar sola y poder fingir durante un momento que todo aquello no había sido más que un sueño.
Miró al techo y sus ojos se humedecieron.
¿Cómo era posible? No recordaba que nadie la hubiera tocado nunca, que nadie hubiera estado siquiera tan cerca.
No tenerle rechazo a su tacto era una cosa, pero que la besara, que la dominara de aquella manera, era casi terrible. Sabía que había olvidado