CAPÍTULO 104. La ira de Dios en pantalones de campaña
Cuando aquel avión despegó, Gabriel Cross no iba esposado ni restringido de ninguna forma, y eso solo quería decir dos cosas: la primera era que aquel hombre lo consideraba lo suficientemente inteligente como para no atacar un avión en pleno vuelo; y la segunda, era que quizás sirviera más a sus propósitos de lo que él mismo creía.
—Eres un hombre interesante —murmuró Gabriel después de unos minutos—. ¿En ningún momento se te ocurrió esposarme? —preguntó.
Seiko se encogió de hombros.
—No hay pa