La noche fue de desvelo para no variar, el pequeño Fabiano parecía un búho, sus ojos abiertos y su cuerpo moviéndose no dejaba dormir a Fabio
— Ya comiste hasta llenarte, ya te cambié el pañal y te puse ropa cómoda, ya te arrullé por poco más de una hora, y todavía no te quieres dormir, ¿que más tengo que hacer para que dejes dormir a papá?
Lo que Fabiano más disfrutaba era del arrullo de su padre, y en la madrugada lo tenía solo para él, así que como el niño listo que era, a esa hora estaba m