El bullicio en la casa continuaba. Me encontraba encerrada en la oficina de Samuel con la señora Adelaida y Amelia. Todos los sirvientes corrían de un lado a otro, ya que Erick había intentado escaparse, pero gracias a Dios lo habían atrapado. Él seguía gritando cosas en el jardín.
— Pronto vendrá la guardia y se lo llevará — me tranquilizó Adelaida. Aunque sus palabras intentaban calmar mis nervios, yo no estaba tranquila. Quería saber dónde estaba Samuel.
— ¿Ya enviaron a buscarlo? — pregunté