Me desperté sobresaltada por el llanto agudo de Sam. Mis ojos se abrieron de golpe, y en un instante ya estaba de pie, corriendo hacia su cuna. Lo levanté en mis brazos y me dirigí de vuelta a la cama, pero mi corazón se detuvo en seco al ver a Samuel con los ojos abiertos, mirándome con confusión.
— Hola — le saludé, sintiendo mi voz entrecortada por la sorpresa y la preocupación. Mis brazos temblaban ligeramente mientras intentaba mantener la calma. Las lágrimas corrían por mis mejillas como