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Me levanté de la silla y fui a caminar por el jardín. Me gustaba el olor a césped mojado; de hecho, era uno de mis olores favoritos. Mientras caminaba, acariciaba mi vientre; mi pequeño niño se ponía muy inquieto cuando daba esos pequeños paseos. Era obvio que también le gustaba el olor.

— ¡Qué hermosa te ves! — me dijo Erick detrás mío.

Yo me quedé helada; aquella voz me hacía querer correr lejos del lugar.

— Ahora podemos estar juntos los tres — me dijo Erick.

Yo me di la vuelta de inmediato y lo quedé viendo. Él se veía tan mal, no era ni la sombra del hombre que yo había conocido.

— ¿De qué hablas? — le pregunté. Erick sonrió de oreja a oreja.

— Lo maté — me dijo. Yo negué con la cabeza de inmediato; eso no podía ser verdad.

— Vamos, mi amor — me dijo mientras me ofrecía su mano. Me resistí a tomar su mano. Mi corazón latía con fuerza, y la confusión se apoderaba de mis pensamientos. Miré fijamente sus ojos, buscando alguna señal de que esto era una broma de mal gusto.

— D
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