Los meses pasaron y mi vientre creció de una manera muy exagerada, mi suegra bromeaba con que tal vez eran dos, pero yo sabía que solo era uno; podía sentirlo, mi instinto de madre me decía que era un bebé.
— ¿Cómo le pondremos? — le pregunté a Samuel esa mañana mientras desayunábamos en el jardín.
— No lo sé, yo aceptaré el nombre que más te guste — me respondió.
Hice un puchero, amaba a Samuel, pero esas respuestas me molestaban muchísimo.
— Solo propón un nombre, quiero llamarle de alguna ma