Ella mordió los labios de Bastian haciéndolo sangrar y, a la vez que con ambas palmas abiertas lo alejaba tocando su pecho, no podía dejar que todo eso siguiera, los traumas estaban ahí, las barreras que siempre pensó nunca podrían derrumbar.
—¡Basta!
—¡Loca! — gritó con rabia, tocándose los labios y comprobando lo que ya sospechaba, estaba sangrando.
—No debiste besarme.
—¿Qué yo te besé, dices? No me hagas reír, fuiste tú quien me tomo de la chaqueta y me beso, yo soy hombre después de todo —