—El lugar es bastante discreto. —Indicó Elizabeth, algo sorprendida. Era evidente que a ese tipo de lugar solo asistían hombres que querían ocultar sus actos del mundo.
—Claro que sí, no quiero que nos anden molestando, ven, acércate, no muerdo Ladeska, bueno, no si tú quieres — Y ahí estaba la supuesta sonrisa seductora de aquel hombre, que si no lo conociera podría hacer sucumbir a cualquier muchacha ingenua, al parecer este nuevo Franco no necesitaba una carita bonita, cuando se tenía dinero