Francia se sentía como ese viaje que abriría puertas que debieron permanecer siempre cerradas.
Intenté ocultar mis emociones, pero fue imposible. Mis manos estaban en el cristal del auto, el cual avanzaba entre los árboles del jardín perfectamente alineados. Era similar a entrar a otro mundo.
Solo había viajado en avión una vez, cuando fuimos a Grecia… y poder viajar por una semana con Oliver para avisarle a su abuelo y arreglar unos papeles fue la excusa perfecta. Entrábamos poco a poco a