149. Nuestras infancias
Jeremy me miró confundido, al igual que yo. Habíamos ignorado a nuestros padres, que se abrazaban como si la vida les hubiera pasado factura, pero aún se apreciaban.
No podía ser cierto.
Me pellizqué la mejilla tan fuerte que ignoré el dolor. Jeremy levantó una ceja pausadamente y juré que en su cabeza dijo: "¿Es en serio?". No, no despertaba de esta pesadilla. Intenté moverme hacia la mesa de los aperitivos, algo que mi madre detuvo.
—No, no, Daniela. Nada de esconderte.
—No lo hago.
—Claro qu