Nelson dejó escapar un suspiro de alivio sin darse cuenta.
Por un momento, ni él mismo sabía si el alivio era porque finalmente Ivana había llegado para aclarar la situación de Elena, o porque ver a Ivana allí le recordaba que todavía le importaba.
Sin embargo, cuando llegó a la entrada, no vio a Ivana por ningún lado. En su lugar, había un hombre de traje.
—Señor Braga —dijo el hombre con una cortesía distante—, soy el abogado de la señorita Ivana y vengo en su representación para la conferenci