Al día siguiente, en Elarvia, Ivana acababa de levantarse cuando su madre entró en la habitación con una expresión que no lograba ocultar su incomodidad. Ivana levantó la vista, confundida, y preguntó:
—¿Mamá? ¿Pasó algo?
Isabela dudó unos segundos, pero finalmente habló en voz baja:
—Nelson... me pidió que te dijera unas cosas.
Ivana se quedó en silencio, sorprendida, pero enseguida negó con firmeza:
—No quiero escuchar nada.
La mirada de su madre titubeó por un momento.
—¿Estás segura, Ivana?