Mateo vivía en la misma habitación que había sido nuestro dormitorio de casados, de verdad.
Cuando llegué a la puerta, dudé un buen rato antes de levantar la mano y tocar.
Esperé un rato, pero nadie abrió.
¿Será que Mateo no estaba adentro?
Giré el picaporte con cuidado y asomé la cabeza.
Vi que la habitación estaba vacía, aunque la puerta del baño estaba cerrada y de adentro se oía el sonido del agua.
O sea, Mateo se estaba duchando.
Pensando en eso, entré de puntillas con la idea de agarrar mi