—Aurora… —dijo ella, mirándome.
—Enséñame, ¿cómo logras que tantos hombres excelentes te admiren? Quiero ver si yo puedo aprender, aunque imagino que tus trucos no son algo que cualquiera pueda copiar.
La miré como si fuera una tonta y respondí entre risas:
—Perdón, pero eres una de esas cualquiera, dudo que lo aprendas.
—Claro, tú sí eres inteligente, tus métodos para seducir a los hombres nunca fallan —respondió con sarcasmo.
Mientras hablaba, Carlos le jalaba del brazo para que se callara, pe