Mateo me dejó en el sofá y, con un tono serio, dijo:
—Si te quedas invalida, ahora menos me despertarás algo de deseo.
—Cómo te atreves a decir algo así…
Lo miré, furiosa, sin poder hablar, tan molesta que solo quería salir corriendo de ahí. De verdad, este hombre nunca decía una sola palabra amable.
Además, siempre era capaz de decir algo tan incómodo con total seriedad. Ojalá se fuera rápido, ya me estaba hartando de su presencia.
Mientras pensaba esto, de repente, levantó mi pie y lu