—Ah… —le dije al asistente, con una sonrisa sarcástica.
—¿De verdad crees que existe alguien tan bueno en este mundo? Pues deja que te apuñale dos veces, que te condene a no poder tener hijos de por vida, a ver si tú también eres tan bondadosa.
—¡Maldi…!
—Claro que no lo aceptarías, ¿verdad? —seguí con la misma sonrisa.
—Por eso digo que esa Camila exagera demasiado con su actuación, y ustedes todavía se lo creen.
El asistente se quedó sin palabras y miró con cautela a Camila.
Ella bajó la mirad