—Sí, pensando en ti toda la mañana, actuando como loco, sin dejarme vivir, ¡No me he podido ni arreglar!
—¡Aurora! —gritó él, enojado.
Molesta, lo empujé para apartarlo. Si seguía molestándome, iba a llegar tarde.
Me acerqué al lavamanos y agarré el cepillo de dientes. De repente, él también se acercó. Apoyado en la pared, me miraba, desde el espejo.
—¿Por qué te levantaste tan temprano hoy?
—Ah, tengo algo que hacer —respondí sin levantar la cabeza mientras apretaba la crema de diente